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La salud mental durante el ciclo menstrual

Un equipo de la Universidad de los Andes de Colombia realizó un estudio que muestra el impacto del ciclo menstrual en las mujeres.

Del mismo se desprende que «en la etapa premenstrual el riesgo de suicidio aumenta un 25 % y la probabilidad de ser hospitalizado por un trastorno psiquiátrico un 13 %”, resalta Juan Manuel Potes, médico de la Universidad de los Andes.

Y es que algunas mujeres presentan síntomas de depresión y ansiedad en los días previos a la menstruación (de 5 a 7 días), de acuerdo con Jenny Carolina López, especialista en psiquiatría. Dicha condición puede estar relacionada con el Trastorno Disfórico Premenstrual (TDPM), fase del ciclo en la que empieza un descenso de los estrógenos y un ascenso de la progesterona, por lo que se experimentan estos cambios de ánimo.

Los profesionales explicaron también que «hay una irritabilidad y una afectación de la funcionalidad que en ocasiones, incluso, necesita medicación, —señala López—. Esta condición no es generalizada, cada mujer debe aprender a conocer su cuerpo y asistir al médico cuando sienta que hay situaciones que no son normales”.

En la primera fase (menstrual), que se cuenta desde el primer día de sangrado hasta que se detiene, ellas sufren de cólicos, malestar en los senos y sangrado abundante. Posterior a eso, la segunda fase (folicular), aumentan significativamente los estrógenos, lo que genera altos niveles de energía, productividad y creatividad. Luego viene la fase tres (ovulación) en la que hay un pico de hormonas que vienen desde la glándula hipófisis: la piel se torna más suave, el cabello más brillante y las mujeres se sienten más sociables. Y la cuarta etapa (premenstrual) en donde se experimenta una vulnerabilidad emocional. Es esencial entender lo que sucede en cada una de las cuatro fases y reconocer los síntomas que pueden estar asociados a cada fase.

Por lo tanto es clave «identificar la fase premenstrual en pacientes que padecen algún tipo de trastorno mental: ansiedad, crisis de pánico, dificultad para regular las emociones, o mujeres que se autolesionan —agrega—. Los profesionales en salud deben indicar a estos pacientes que eviten situaciones de estrés durante esta fase y, que así mismo, recomienden a los pacientes actividad física y regular su alimentación”, afirma la médica.

Incluso pacientes que padecen de migraña o convulsiones durante esta etapa suelen tener mayores crisis, situación que normalmente los médicos no relacionan o no tienen en cuenta. “Por eso es importante registrar estas fases, conocerlas para entender el cuerpo, y así, tener una mayor autonomía y por lo tanto una mejor calidad de vida”.

 

También hay situaciones que alteran el ciclo menstrual. Los altos niveles de estrés, por ejemplo, pueden desencadenar ausencia del periodo: “En términos médicos se conoce como amenorrea hipotalámica. Los altos niveles de estrés que el organismo no logra controlar produce que la progesterona se convierta en cortisol, la llamada la hormona del estrés”, indica.

El dolor y el sangrado abundante inquietan sobre todo cuando se experimentan los primeros ciclos menstruales. La médica cirujana advierte que muy rara vez se consulta por este padecimiento y es habitual que se trate de solucionar con remedios caseros. Esto lleva a demoras en el diagnóstico y complicaciones de salud. “Estos trastornos deben ser vistos por un hematólogo, para determinar si hay o no problemas de coagulación o si existe endometriosis (inflamación del endometrio)”, resalta.

 

Por su parte, Juan Manuel Potes, advierte que «hay un alto desconocimiento sobre la menstruación. Las primeras en educar son: las mamás, hermanas, tías o profesores que deben orientar a las niñas sobre la fisiología femenina”.

«Es primordial mejorar la educación sexual porque existe un tabú sobre la menstruación y la fisiología femenina», complementa López.

El estudio realizado por Unicef: ‘¿Cómo vive la menstruación una niña o adolescente del Pacífico Colombiano?’, indica que 45 % de adolescentes no saben de dónde viene el sangrado menstrual y en zonas como Bagadó (Chocó), Santander de Quilichao (Cauca) e Ipiales (Nariño), identifican el sangrado como algo negativo, un castigo para las mujeres o una enfermedad. Tanto así que 1 de cada 4 niñas encuestadas alguna vez en su vida ha faltado a la escuela por causa de la menstruación.

 

La experta concluye que es necesario crear políticas públicas con enfoque de género para que esta fase natural se entienda y pare la discriminación en contra de las mujeres: «Por ejemplo, no se contratan por temor a que queden embarazadas, las incapacidades por el periodo o por licencias de maternidad».

 

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